jueves, 22 de julio de 2010

Con cerebro y corazón


El psicólogo estadounidense Daniel Goleman, quien publicó su obra Inteligencia emocional en 1995, observó que las personas con un coeficiente intelectual elevado no siempre tienen éxito en la vida y que, por el contrario, aquellas con un coeficiente reducido pueden conseguir grandes logros.
Goleman atribuye este fenómeno a la inteligencia emocional, caracterizada por la automotivación, el autocontrol, el tesón, la constancia, la empatía.
Goleman sugiere que todos tenemos dos mentes: la racional, la que piensa, y la emocional, que siente. En su opinión, las emociones básicamente son impulsos que nos inducen a actuar. Determinadas emociones, como el amor y el miedo, generan acciones que ayudan a garantizar la supervivencia de la especie humana, y con el tiempo dichas emociones se vuelven innatas.
Sin embargo, tales respuestas son inadecuadas en situaciones del mundo actual -la expresión de la ira, por ejemplo, no está socialmente aceptada-. Un factor clave de la inteligencia emocional es reconocer y controlar los impulsos que pueden resultar destructivos y contraproducentes.
Otro aspecto importante en la teoría de Goleman es la empatía y las habilidades sociales que nos capacitan para comprender a los demás y mantener buenas relaciones con ellos. La capacidad de percibir cómo se siente otra persona es casi siempre resultado de claves no verbales, como los gestos y la expresión facial. Los estudios han demostrado que los niños más hábiles para comprender la comunicación no verbal son los más populares y emocionalmente estables de la clase; también son los que mejor rinden en la escuela, aunque su coeficiente intelectual no supere al de sus compañeros.
Goleman sugiere que la inteligencia emocional puede enseñarse y que las lecciones que aprendemos durante la infancia y la adolescencia determinan el desarrollo de hábitos emocionales saludables o destructivos. La investigación señala que las personas que son conscientes de las emociones propias y ajenas y las gestionan bien juegan con ventaja en el trabajo y en la vida personal.


miércoles, 21 de julio de 2010

No improvisar con la universidad

Como dice el título una univesidad no se debe improvisar pero lamentablemente eso se muestra en la cantidad de instituciones llamadas "universidades" aprobadas a costa de algunos votos , tal vez. Todavía no se tiene conciencia de la verdadera calidad que se encuentra sólo en una universidad, muchos estudiantes aún no tiene un horizonte a donde dirigirse, y menos un proyecto como meta en la vida. Por eso es necesario promover ese interés por pensar en como lograr hacer esa transformación en todos los ámbitos culturales, sociales, etc. Un cambio integral.

¡Que tal regalo por el día del maestro!


Es inaceptable la resolución a la que ha llegado el Tribunal Constitucional, en la que contradice una sentencia que a la que ya habían llegado con otra sentencia anulando parte la primera, siendo esta una institución caracterizada seriedad, no es posible que se encuentre este tipo de casos relacionado con el incumplimiento de pago a los docentes universitarios por un mal manejo del presupuesto nacional; así como hacer el recorte en el presupuesto a las universidades. Es así como quieren que el país se desarrolle, si quitan el apoyo a quienes se encargan y encargarán de hacer grandes cambios para mejorar el país.

domingo, 18 de julio de 2010

El vuelo del Principito


Antoine de Saint-Exupéry fue uno de los primeros héroes de la aviación.
Volcó sus aventuras en libros muy famosos. Pero su obra más recordada cuenta la historia de otro héroe muy adorado por todos: El Principito.
Antoine de Saint-Exupéry nació el 29 de junio de 1900 en la ciudad de Lyon, Francia. En su juventud decidió ser piloto, y consiguió su título en el 2ºRegimiento de Aviación de Caza. Mientras tanto, realizaba sus primeros vuelos como cadete y recibía prestigioso trofeos de narrativa por sus fantásticos cuentos.

Mientras permanecía en la finca de un matrimonio de amigos argentinos, en la ciudad de Concordia, Entre Ríos, Atoine se encariñó con las dos hijas de la pareja. Las hermanitas se llamaban Edda y Suzanne, pero él solía llamarlas "mis princesitas". El autor se inspiró en ellas para crear El Principito, la conmovedora historia que se convirtió en el libro más difundido y traducido de la lengua francesa.

Por desgracia Antoine desapareció misteriosamente durante una misión de reconocimiento sobre el Mediterráneo, mientras servía como piloto de las fuerzas aliadas en la Segunda Guerra Mundial.